miércoles, mayo 17, 2006

La voz invitada

Mi amiga Zyanya Mariana, poeta y profesora universitaria, nos comparte el siguiente texto sobre necesarios y urgentes replanteamientos de la cultura humana. Le paso el micrófono:

A LA BÚSQUEDA DE TIEMPOS PERDIDOS Y OTROS TRÁNSITOS CULTURALES

¿Qué se les puede decir a los jóvenes, particularmente aquellos interesados en la Polis y sus enredos, si el Estado se quiebra frente al comercio y la producción salvaje; si los políticos juegan a ser divas sobornables; si los empresarios, enloquecidos, como rico Mac Pato, se encierran en fortalezas de ignorancia y seguridad; si los campesinos abandonan la tierra y las costumbres para sobrevivir en la esperanza de la migración; si la enajenación nos devora; si la pobreza alimenta los abusos de poder como la pederastia o los mineros enterrados, si estamos frente a una crisis ambiental; si, si, si? No mucho si conservo, testaruda, una perspectiva apocalíptica: ?Todo tiempo pasado fue mejor?. O una mirada atávica que recuerde con lamento la deshonra griega frente a los bárbaros, el horror romano sitiado por Atila, la indignación de los Ptolomeo al observar, inmóviles, el incendio de la biblioteca alejandrina o la desazón de los mexicas al caer, hambrienta y ensangrentada, la gran Tenochtitlan? No mucho en efecto, a menos que acepte humilde que otras civilizaciones, quizás mejor que la nuestra, han perecido... y eso nunca ha significado el fin de la historia.

De hecho grandes convulsiones anuncian, generalmente, inusitadas posibilidades. Suele suceder, lo repiten los dichos populares, que la aldea en ruinas y los valores vulnerados obligan al hombre a inclinarse y recoger las raíces olvidadas. Es una forma de regresar al origen y volverse original, empezar de nuevo, crear artificios y fundar imperios? Quizás recrear tiempos nuevos, tránsitos culturales y inesperadas formas de lo sagrado.

Lo digo porque mucho se ha hablado del fin de la historia, de choques culturales y juicios finales; de tiempos violentos, guerras líquidas y patentes acumuladas. Mucho se dice de las próximas guerras por el agua y los ?copy right? (o derechos de autor, según la legislación imperante), pero poco o nada se murmura de otras formas de Estado, de recuentos culturales y de crisis civilizatorias.

Analicemos las premisas de las próximas guerras. Si bien es cierto que el agua escasea y las grandes corporaciones zopilotean alrededor, también es cierto que el mayor desperdicio líquido y consumo de agua se relaciona con nuestros sistemas de producción y cómodas costumbres: qué madre liberada y moderna está dispuesta a abandonar los pañales desechables que le pone a su bebé cada día, qué joven emprendedor y exitoso detiene su fábrica si su producción no es sustentable. Ni la madre ni el joven se asumen como saqueadores del ambiente, bocas voraces alimentándose de algo que no sólo les pertenece a ellos. Por otra parte nadie duda del trabajo del creador (arte o ciencia) pero solemos olvidar que nada se inventa en absoluta soledad y que todo artificio y creación humana es producto de mestizajes y convivencias. No somos solos, nos hacemos a partir de los otros, por los otros y para los otros a pesar del cuento que habla del genio individual. El creador, con mayúscula, sólo es una esponja que estructura y expresa una época conformada por 1001 y un espíritus anónimos. Nos necesitamos todos?

En cuanto a las guerras anunciadas (agua, derechos de patente) ambas sugieren el fin de una era y la urgencia de un nuevo enfoque cultural. En efecto nuestro sistema de producción, sustentado en los valores culturales decimonónicos, nos ha puesto en jaque. Las costumbres de nuestra civilización no son sustentables y el modelo en el que nacimos no puede ser la propuesta que heredemos. He aquí un diagnóstico, imprescindible proponer, por lo menos, una cura.

Me parece que las universidades, restructuradas en el siglo XIX al servicio de la industria y el capital, tienen los instrumentos (estudiantes) y la responsabilidad social (académicos) de crear, sustentar y reformular nuevos tránsitos culturales. La universidad debe cambiar y recuperar el sentido de la contemplación propositiva; esa que sugiere e inventa formas de vida. Me refiero concretamente, y sin temor, a la posibilidad de inventar otras formas de producción con visiones ambientalistas, otras miradas culturales que recuperen el valor y la utilidad de lo sagrado y, por supuesto, el renacimiento de la ética en su sentido más profundo. Ética, más allá de la palabra, para reivindicar al político y su quehacer, al empresario y su función, al campesino y su cultura, al estudiante comprometido y al académico creativo. Todo esto puedo decirle a mis estudiantes y añadir que si la sombra acecha la posibilidad humana asombra.

Zyanya Mariana
mitosymas@laneta.apc.org


Muchas gracias, Mariana.

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