lunes, enero 12, 2004

Sabadito

Tras comer en el magnífico restaurant Daikoku de la colonia Cuauhtémoc en compañía de Raquel y Alberto (futura familia Chimal Castro), decidimos ir al cine. Tocó la decisión a Spider, de David Cronemberg, de ser la elegida.

Creo que lo he dicho ya, la comida japonesa es una de mis fascinaciones, por lo cual soy enemigo acérrimo de la cadena Sushi Itto, que viene a ser el equivalente a lo que los Taco Bell son a nuestra tradición culinaria.

Por ello, no pierdo oportunidad de ir al Daikoku, el Mikado o el Nagaoka, todos ellos muy buenos —si bien caros— restaurantes japoneses. He oído decir que el restaurante del club japonés, sito por el rumbo de las Águilas, es muy bueno, aunque nunca he ido. El Fuji y el Suntory son demasiado caros para mí.

Como sea, nada hay como ir al cine en compañía de gente querida. En la semana, el mismo Alberto junto con Cinthya y Flavio (of Jelly Bats fame) fuimos a ver Irreversible, de Gaspar Noé, que me dejó un muy mal sabor de boca. Debo estar haciéndome viejo: tanta violencia y morbidez me hubieran encantado cuando iba en la universidad (mis años punks) pero ahora me inquietó. Justó me preguntaba si habría quien se excitaría con la secuencia de violación del personaje de Monica Belluci.

Pues bueno, Spider me sacó la espinita dejada por la otra movie. No cabe duda, Cronemberg es un maestro y ésta, quizá una de sus obras con ritmo más lento, lo reafirma.

Cualquier cosa que diga sobre la trama la echaría a perder para quien no la haya visto. Simplemente es la historia de un loco que sale del siquiátrico para tratar de reintegrarse a la sociedad. Para hacerlo, reconstruye las vivencias que lo llevaron al manicure, sólo para llegar a un callejón sin salida. Basada en una novela de Patrick McGrath (como dijo Pepe Rojo, nadie puede negar el buen gusto literario de Cronemberg), se trata de una historia tenebrosa, un thriller psicológico que te mantiene con los pelos de punta de principio a fin.

Tras dejar a Rax y Alberto fui al cumpleaños de mi amigo Oswalth. Es con él y el círculo de amigos que le rodea con quienes tengo contacto con gente más lejada de mi ámbito profesional, de esas amistades que ves poco pero quieres mucho. Oswalth fue mi profe en la prepa (era muy joven cuando empezó a dar clases) y siempre tuvimos una buena amistad. He vivido con él cosas muy fuertes que nos han unido, y sin embargo estaba en una de esas fases en las que te separas de los amigos para no acabar odiándolos (pasa y el que diga que no, miente). Y ahí, un camarada muy querido, ya en puntos pedos me dijo:

—¿Viste Irreversible?
—Sí, recién el jueves.
—¿A poco no se te paró en la escena de la violación?

Telón, por favor.

(Hoy, este blog parece el diario de un adolescente. Ustedes me han de disculpar).

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